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El candombe surgió en Montevideo, Uruguay, a mediados del siglo XVIII.
Es el resultado de la persistencia del esclavo africano por mantener sus
tradiciones y la adaptación a una nueva vida en otro continente.
Mayoritariamente de tronco Bantú, pero también Yorubas, Fanti Ashanti y
Mandinga, cultivaron un estilo musical a partir del cruce rítmico de
tres tambores. En sus orígenes el candombe fue una danza religiosa de
congregación, usada por los esclavos africanos.
Al cabo de los años, el candombe, desdeñado y perseguido en sus
principios, tiene un prestigio casi mágico y de algún modo da una mayor
realidad a la música que hoy se compone en el Uruguay y en toda la
región del Río de la Plata.
Por su escasa divulgación, es acaso, el más inseguro de los estilos
musicales africanos en América; aventuramos, sin embargo, la afirmación
de que las generaciones futuras no se resignarán a olvidarlo.
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Estas palabras no solamente quieren presentar esta obra sino cada una de
las aún indefinidas series posibles de obras que los músicos congregados
por el candombe pueden en el porvenir, realizar.
Hemos procurado argumentar las virtudes que se cifran en el candombe,
pero no ignoramos que la única virtud de esta música está en su voz y en
la respuesta de nuestra sangre, no en razonamientos abstractos.
Creemos que el escucha y el espectador se demorará en el examen de estos
frutos delicados de una tradición con sus alegres juegos de variaciones
y de renovaciones.
Este disco trasciende su originario propósito de divulgar el candombe y
llega, íntimamente a la más primitiva de las músicas. Su buena artesanía
es cosa evidente; mucho más importante es lo que nos deja oir. No se
trata, por cierto, de descripciones; se trata de experiencias de la
emoción.
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